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miércoles, 19 de abril de 2017

CERCA DE Tí (I)



Amanecía.  Los primeros rayos de luz irrumpían entre las persianas  de la habitación en penumbra. Mi madre permanecía inerte, impávida sobre una cama de hierro. Su presencia sólo se hacía presente por el sordo esténtor que agitaba su pecho por debajo de las blancas sabanas. Yo había permanecido anclado junto a los pies de esa cama toda la noche, dormitando por momentos  y mirando a intervalos continuados  la hora en la pantalla del móvil, que como una estrella solitaria iluminaba mi rostro en medio de un ciego silencio.
  
- Parece que hoy será un día soleado- barruntó una voz de mujer entre  la oscuridad que aún reinaba en la habitación. Su voz había horadado  el vacio  como el aviso de  un trueno  que quiebra el cielo de un atardecer estival antes de una tormenta.
Ni tan siquiera recordaba su nombre. Nos habíamos presentado la tarde anterior. Pura cortesía. 


- Si, eso parece- le conteste cerrando la revista que tenía entre mis manos a modo de excusa por  no haberle prestado  demasiada atención mientras se dirigía a mí. Ella también permanecía tras los pies de la  otra cama. La recordaba rondando los sesenta y muchos, con un tono de voz entusiasta y juvenil , que se veía obligado a una lentitud con la que no se sentía a  gusto.

Miré mi móvil. Las ocho de la mañana.  La luz llenaba la sala con una gama de colores que habían sido violados con la caída de la noche.

Y entonces un grito se elevo en el aire.


© Sergio Hernáez

domingo, 15 de abril de 2012

CANCIONES PARA UN DOMINGO CUALQUIERA

La costumbre arrincona cualquier atisbo de improvisación, la  monotonía dominical  aplicable al resto del día, de la semana... Una cosa suele ser distinta los Domingos al resto de días. La música vuelve a sonar en casa y la radio queda aparcada durante unas horas. Celosa, espera el momento de cobrarse la ofensa a lo largo de la semana."¡Malditas pilas!".
Suena en el estéreo Down to you , de Bonnie Raitt. ¡Hurra por la eterna pelirroja!. El culo se me despega de la silla mientras la pista del disco salta a la siguiente canción, Take my love with you.
Una llamada al móvil. Mi tía se muere en un hospital de Madrid. Infarto cerebral, me comenta mi hermana. Cuelgo el teléfono. Pienso.
Una vuelta a las lineas ya escritas de esta entrada, La costumbre arrincona cualquier atisbo de  improvisación. Otra lección de la vida. Mientras, la aguja continua surcando la superficie del vinilo dando luz a mi aturdida mente. El sol sigue brillando ahí fuera y Leo, mi gato, se lame la barriga ufano de ser el rey de la casa, indolente a la infausta noticia.
La última canción del disco God only knows acompaña a  las últimas lineas de esta entrada. Las teclas del ordenador y las del piano se acompasan para despedir una vida, para dar paso a otra nueva y para desear, por mi parte, que el sol vuelva a salir mañana para todos.


martes, 20 de marzo de 2012

LOS NEUTRINOS DE EINSTEIN

Los neutrinos de Einstein pululan por las ondas de mi cocina a primera hora de la mañana. Bailan a mi alrededor, las muy putas y me vacilan con gracejo por ser más rápidas que la madre que las parió, las partículas de marras. Con la cocina en sombra y arrastrando mi doliente cuerpo de un lado a otro, en la radio suenan las siete de la mañana . El locutor recuerda que en las islas Canarias aún están durmiendo mientras yo a duras penas puedo mantener los ojos abiertos cortando las tres naranjas para mi zumo diario, que se acompaña con un café con leche y tostada,  tres nueces y un puñado de  arándanos.
Los neutrinos han desaparecido por la ventana y yo, monotonía de mí a cuestas, preparo los bártulos para comenzar otra jornada de trabajo.
Me acuerdo de Fernando Pessoa y le imagino saliendo de su casa rumbo a su trabajo de contable,meditando a paso lento por las angostas calles hasta desembocar a la calle  Doradores, donde soñaba despierto en anhelos alejados de su cotidianidad .
 Las ocho y media. Recojo mi bolsa de trabajo, salgo por la puerta consolándome con la presente certidumbre de que al menos el tiempo sigue pasando delante  de mis narices y que otra blanca pincelada  despunta de mi aún oscuro cabello. La conciencia de la inconsciencia de la vida llena entonces el espacio dejado por los neutrinos de Einstein.

martes, 29 de noviembre de 2011

EL SUEÑO DE BRAHMA


 Invierno. La noche prolonga su sereno manto sobre el perezoso paisaje dormido y el amanecer resulta herido con la trémula luz que llama a un nuevo día. Cuerpos dolientes escupiendo almas fragmentadas en cada exhalación matutina. Marmoreos rostros de afiladas quijadas y perdidas miradas.
 El viento trae consigo nuevos cantares de tierras lejanas.Sueños de aquí y de allá crepitan entre las ramas de los arboles. 
Sueños. Etéreos nómadas sin aliento. Formados de vaporosos recuerdos que acaban sus días en rincones yermos de nuestra frágil memoria.
A mi, pobre pelele del sueño de Brahma, no me queda otra cosa que coger mi cámara de fotos para revelar siempre la misma imagen desenfocada, la silueta de un cuerpo flotando sobre una constelación de almas que gritan por despertar del mismo sueño recurrente. El sueño de Brahma.

domingo, 16 de octubre de 2011

ESTRELLA II

Anoche volví a soñar con estrellas fulgentes sobre mi cama. Esta mañana me he despertado marcado a fuego con el nombre de una de ellas. Mi cuerpo, ungido de sudor y deseo me ha instigado a desearla de repente. Sin embargo, como suele suceder con las estrellas, la misera realidad se me ha revelado a medida que despertaba de mi ensoñación. Se había ido al alba, mientras ambos cruzábamos el frágil puente que nos separaba. Aún así, juro que la seguiré esperando, esquiva estrella. Tu nombre lo tengo marcado a fuego como señal inequívoca de tu presencia  en nuestro estrellado tálamo de amor.

domingo, 11 de septiembre de 2011

ESTRELLA

La noche es una estrella en tu cucharilla. Imágenes que caen lentas y silenciosas como la nieve. Mientras absorbes el último resquicio de luz tu cuerpo se mece entre liquido amniótico encapsulado. La luz se apaga. Fuegos artificiales dilatan tus acuosas pupilas clavadas en la infinita bóveda celeste pensando cual de las estrellas te hará soñar mañana.

sábado, 27 de agosto de 2011

DIOS, SAN MIGUEL Y EL POKER

Eran las cuatro de la tarde en el infierno. Dios jugaba al poker y perdía. Así en la tierra como en el infierno, el calor era asfixiante. En la estación de autobuses un enjambre uniforme de mochileros blandían a cristo en la cruz sobre sus pechos. El hijo de dios había salido a bolsa. Era un valor seguro.Y Dios jugándosela a la última carta.
 Allí me encontraba yo, sentado en una de las escaleras que conducían a mi cielo particular . Había quedado con mi chica, con quien pensaba confesarme esa misma noche. Llevaba mucho tiempo esperando mi confesión pero recibir una hostia, por muy bendita que me la envolviesen, no entraba en mis  planes inmediatos. De modo que deje a Dios haciendo números y a su hijo sudando entre los turgentes pechos de alguna  adolescente. La noche era joven.
 El autobús llegaba con retraso. La megafonía de la estación así lo estaba vomitando desde hacía más de media hora. Así que me acerqué al bar a tomarme una cervecita bien fría. El camarero, un tipo de rostro salpicado de cráteres en erupción me miró con cara de resignación . "Sólo tengo cerveza San Miguel ", me dijo. "¡Vaya con el monopolio celestial!", pensé. Lo cierto es que estaba cojonuda la birra. Tras la primera cayó la segunda y le siguió una tercera también.
La megafonía de la estación estaba avisando de la llegada del autobús de Valencia. Allí iba yo, cargadito de espíritu santo y dando tumbos entre peregrinos sudorosos y de mejillas sonrosadas, buscando mi media naranja para esprimir nuestro amor al candor de unas velas, mientras la sangre de  cristo mojaba nuestros labios. Gran reserva.


martes, 5 de julio de 2011

LA RUBIA Y LAS ESTRELLAS

No había amanecido aún cuando vi las luces del hospital. Me habían avisado unos días antes de que tenía que entrar por la puerta de urgencias. Allí me estaban esperando para dejarme poco después sin palabras en la boca, callado y aprendiendo a escuchar. ¡Qué fácil es oír y ver y qué difícil se nos hace en ocasiones saber mirar y  escuchar!.
Ya había amanecido cuando una atractiva rubia de unos cuarenta y tantos pronuncio mi nombre seguido de una sonrisa.-"¿Sergio?"-. Me pillo soñoliento sobre la cama, con un pijama de azul deslavado prestado por el hospital y con los calcetines puestos. La sonreí y su respuesta no se hizo esperar. -"Te vienes conmigo a un viajecito"-. La cosa prometía, yo metido en la cama cruzando pasillos viendo como la rubia vestida de blanco empujaba la cama. No me había visto en una de esas hacía tiempo. Pero no era un sueño, de serlo la rubia de blanco seria una diablesa dispuesta a cumplir mis deseos y esta no era más que una celadora que me llevaba al matadero. Unos instantes después, las luces del ascensor cegaban mis ojos.-"¿Estaré ya en el cielo?", pensé-.
 Ni de coña. Aún me faltaba ver una luz más cegadora y unas sombras verduzcas que,  además de conocer mi nombre,  me sonreían  antes de meter el bisturí y dejarme sin voz.

domingo, 10 de abril de 2011

CADA DÍA QUE VUELVO A NACER

Ultimamente sueño que me ahogo entre nubes de espuma  y que  la mar me empuja hacia su obscuro lecho de ingrávidas sombras mortecinas. Lo más curioso de este sueño es que ya no opongo resistencia a ser engullido por el terrible monstruo de voraz apetito, sino que me deslizo más allá de donde he llegado en anteriores ocasiones. Se podría decir que buceo entre mis miedos a ser engullido por ese abyecto ser pese a que  la curiosidad puede por momentos con  actitudes más comedidas y conservadoras.

Al despertar, como cada mañana, el cordón umbilical que une mis sueños con la realidad ha desaparecido. No así su cicatriz, fehaciente prueba de que un más allá es posible.

domingo, 14 de noviembre de 2010

HABITACIÓN 365



A mí me empiezan a entrar dudas. Un estentóreo  grito me despertó. ”¿Qué ocurre?”, pensé. Al poco de oír la voz de auxilio, un enjambre de  sombras me rodeaba, batiendo sus brazos  sobre mi cuerpo como en una especie de ritual purificador. Solo que en este caso, los hechiceros llevaban batas blancas  y sus agitadas voces repetían:” ¡Se nos va, se  nos va!”. Todo fue muy rápido. Lo cierto es que no he vuelto a saber nada de ellos. A veces,  los sueños parecen tan reales...




miércoles, 22 de septiembre de 2010

CLAMORES FUGACES

Y dio otro bocado. El último  y voraz bocado antes de subir al cuadrilátero. El estómago le rugía de hambre y ahí estaba  Ringo, el viejo boxeador, frente a una joven promesa del pugilismo. Frente a frente, las  dos miradas. La experiencia de quien vuelve de  un camino recorrido y la mirada limpia y obtusa de la juventud, siempre  joven, ciega de triunfos  y clamores. Ringo luchaba por llevarse  al gaznate algo de  comer,….pero  la juventud pedía paso a gritos. Un croché acabó con Ringo en la  fría lona de  la realidad, donde los sueños acaban a golpes.
 

lunes, 6 de septiembre de 2010

EL ENTERRADOR

Papa solía morirse dos veces al día, una antes de la comida y la otra poco antes de la cena, pues mi papa siempre decía que el morir da mucha hambre. Debía ser cierto, a tenor de como mi papa devoraba el plato de comida que mama le ponía en la mesa. Yo me quedaba absorto, mirando su gesto ausente y su tez ajada y pálida como el blanco de la pared.
Un día, en la escuela, la profesora nos preguntó a que se dedicaban nuestros papas. Tras barajar las opciones y sin conocer con exactitud sus ocupaciones luctuosas, respondí: mi papa, señorita, es un superviviente...

viernes, 30 de julio de 2010

LA POSADA DEL PEINE

La luz irrumpió en la habitación del mismo modo que una inesperada visita en una resacosa mañana de domingo: molestando. La noche se había alargado más de lo normal, a decir verdad, unos cuantos años de obscura niebla habían inundado las esperanzas del tipo que ahora yacía inconsciente entre las enmarañadas sabanas salpicadas de secos restos parduzcos. Las manchas se asemejaban a las piezas de un puzle inacabado y tejían sobre la azulada superficie de la sabana un extenso archipiélago de otrora volcánicas islas en ebullición.

La ventana del infecto cuartucho permanecía completamente abierta, dando la bienvenida a las primeras luces del día, que caían a bocajarro sobre todo lo que allí encontraban. Sin jerarquías, ni distinciones, sin hacer preguntas, la luz tocaba de un cálido dorado lo que aún se mantenía en pie de la pasada noche. Una botella de Bourbon se erguía ufana por encima de dos vasos vacios, todavía ebrios de los vapores nocturnos. Una solitaria llave y un cenicero lleno de rugosas colillas terminaban por engalanar la vetusta mesilla de noche que ya pedía una honrosa retirada después de tantos años se mudo servicio.

Solamente el sonido de unos tacones rompía la quietud que reinaba entre las cuatro paredes de la habitación. Sonaban acelerados, inquietos, ávidos por pisar la calle después de haber permanecido huérfanos toda la noche. Y aunque esta rutina formaba parte de su día a día aún no se habían acostumbrado a la soledad de dormir solos, si bien a menudo compartían pie de cama con anónimos zapatos de lo más variados estilos.

El repiqueteo de los tacones ceso unos segundos, el tiempo necesario para encender un cigarrillo, inhalar una bocanada del rubio americano y disfrutar del primer pitillo del día. El postre llegaría más tarde, en La posada del peine, su particular farmacia de guardia, donde el tío Eulogio la suministraría la medicina necesaria para aguantar un día más sin preguntarse qué cojones estaba haciendo con su vida. Lorena, la morena tía buena, como la conocían en La Posada los habituales del lugar, apenas si había cumplido los veinte años y ya arrastraba a sus espaldas las consecuencias de una azarosa vida nómada y solitaria. No siempre fue así, se repetía ahora mientras apuraba las últimas caladas del tembloroso pitillo…

Se estaba haciendo tarde. Miro furtivamente al tipo de la cama. No se acordaba de su nombre ni de la historia que la había contado la noche pasada, entre copa y copa, entre jadeos y mentiras. Siempre historias tristes, adornadas con silencios y miradas perdidas.
Volvieron a sonar los tacones por la habitación y esta vez redoblaban en alegría al verse frente a la puerta por la que habían entrado la noche pasada junto a otros zapatos de dudosa horma y condición. Ya fuera de la habitación, la joven sólo tuvo que empujar la puerta quedamente y volver a cruzar el angosto pasillo de desnudas paredes macilentas. Atrás quedaba para siempre la habitación 126 y un tipo sin nombre duchado en alcohol y cocaína.
Los tacones pisaron de nuevo la calle, Lorena volvió a La posada del peine y frente a un muro se chuto la última receta, mientras las cada vez más recurrentes nauseas constreñían su abdomen con fuertes dolores.
Los tacones descansaban en una bolsa de supermercado, soñolientos, a la espera de ser enfundados esa misma noche. Con un poco de suerte, pensaban, quizá encontrasen unos buenos zapatos con los que olvidar agravios pasados…

miércoles, 7 de julio de 2010

EL NIÑO QUE SOÑABA DESPIERTO

Los juguetes nos recuerdan que un día fuimos niños. También sufren el mismo proceso de erosión que nuestras vidas y muchas veces corren suertes parejas. Desaparecen una vez dejamos de interesarnos por ellos, bien porque sufrimos de la mal entendida madurez y los relegamos al olvido de manera consciente, o por ser un objeto más del que antes o después nos desharemos para dejar espacio a otro  que ocupará su sitio en el trastero .


En cualquier caso, mi caballo negro de ojos verdes y blanca crin sigue esperando en el ático mejores tiempos en los que volver a trotar por las infinitas praderas del oeste. Mi fiel caballo siempre se ceñía al papel que cada día le asignaba su caprichoso jinete. Un día era un bravo caballo indio, otro un corcel que se batía en un torneo medieval o iba en retirada tras apoderarse del botín de la diligencia... aventuras vividas en los escasos metros de la sala donde yo pasé mi infancia.


Nunca me paré a pensar en darle de comer, vacunarle, desparasitarle o ponerle el chip equino(¿...?). Tampoco de buscar un establo donde descansar de sus correrías ni de una caravana donde transportarle de aventura en aventura. Sin contar las clases de equitación, el equipamiento adecuado y otro tipo de gastos que a fecha de hoy me sumirían en un mar de facturas y quebraderos de cabeza.

Cuando  era niño mi caballo y yo  recorríamos el mundo por tierra, mar y aire porque mi bello caballo negro también volaba y trotaba sobre las aguas como tocado por un poder divino...
Si, un día fui niño y soñaba despierto. La madurez aparcó en el trastero mi infancia y cerró bajo llave mi imaginación, esa clase de maravillosa ensoñación que me dejaba viajar sin equipaje y de la que siempre volvía cargado de maravillosas historias y aventuras.

viernes, 18 de junio de 2010

LA HUESUDA

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Caminaba por las calles de Madrid sin brújula ni reloj, dejando que mis pasos me llevaran a cualquier lugar. Desde una angosta calle desértica se escuchaba el tañido de una campana tocando al Ángelus. Doblé la esquina y allí  estaba ella, La huesuda. Por un instante, un recio escalofrío me impidió dar un paso más hacia delante. De hecho, creo que retrocedí al sentirla frente a mí, tan elegante, fría y soberbia .


No estaba sola. Alrededor suyo un grupo de acólitos gregarios  usurpaban la estrecha acera impidiendo el ordinario fluir de los transeúntes. Se la notaba embriagada de poder, de autoridad. Nadie le dirigió una sola  palabra mientras yo contemplaba la escena atónito, deseoso de gritar su nombre pero con miedo a que me mirase despechada por no tenerme aún entre su grupo de fieles.

La comitiva estaba detenida frente a un portal y sus sombras tamizaban de negro los baldosines de la acera. Estas mismas sombras se pisaban unas con otras pero ninguna se daba por violentada, incluso eran ruinmente atropelladas por los vehículos que pasaban por la estrecha calzada sin el menor indicio de crispación. Y La huesuda sin mover su oscuro rictus permanecía impasible, sin despegar la mirada de la puerta del portal.


Al de pocos minutos la puerta se entreabrió. Un grupo de personas fueron saliendo en silencio. Las adustas miradas de los que salían se perdían entre las que llevaban un tiempo en la acera. Todos terminaban haciendo el mismo gesto  tras el cual sus miradas se clavaban en el suelo como esperando una respuesta del sufrido pavimento. De repente, un estentóreo grito de dolor sumió en un sordo silencio a la comitiva. Del sombrío portal apareció una desconsolada mujer, pálida como el plomizo cielo que ahora presagiaba tormenta . Su mohíno rostro lo cubría con unas gafas de sol negras que hacían juego con su vestido y sus zapatos. Todos los allí presentes hicieron un pasillo por donde dejar pasar la escuálida sombra, escoltada por dos hombres  que la llevaban a un  coche aparcado frente a su casa.

Yo me encontraba tan ofuscado, tan sorprendido por aquella puesta en escena que por unos momentos me había olvidado de ella. Pero no se había ido, sino que seguía en la misma posición en la que me la había encontrado al doblar la esquina. Diría que aún más crecida tras ver a la pobre mujer que iba arrastrando su cuerpo entre  el pasillo de oscuras siluetas sin cabeza.  Justo antes de llegar a la puerta del coche, la desvaída viuda tuvo fuerzas para levantar la cabeza y clavar su mirada en La huesuda. De su boca nació una gélida sonrisa de suficiencia y en la mirada sólo se traslucía la expresión de quien se sabe ganadora de la partida .

domingo, 6 de junio de 2010

ESPERANDO UN SUEÑO

El hirsuto pelo reposaba sobre la mullida almohada y un frió hilo de sudor resbalaba por su desnudo cuello. Sus rasgados ojos permanecían fijos en algún punto del blanco techo, sobre el que la luz de una farola dibujaba amorfas figuras espectrales. 
Silencio. Tan solo el cadencioso tic tac del reloj de mesa se atrevía a irrumpir en el manso delirio interior que la joven estaba viviendo.
La hierba había hecho su efecto hacía tiempo. Solía fumarla para calmar  esa clase de dolor que no tiene otra cura que el sueño, un dolor sordo  e iracundo que la atenazaba desde hacia una semana. La cuenta atrás había comenzado y el metálico tic tac que inundaba el dormitorio atestiguaba el inexorable paso del tiempo, la cercanía de su final. 
Pero ella aún  no lo sabía. 
El sonido de un coche irrumpió en el silencio de la noche. Sus luces penetraron en la habitación  como el rayo que anuncia una tormenta y de repente ella supo lo que iba a suceder. Pero los efectos de la marihuana constreñían la movilidad de  su cuerpo. Fue entonces cuando girando su desnudo cuello hacia la ventana observó la luz que se filtraba por entre las cortinas y recordó, antes de morir, aquel poema que acababa así... esperando un sueño.