A veces, cuando menos lo espero, veo una escena que ya había visto antes en una fotografía de Kertesz, Lartigue o Sander. Y aunque a veces dudo, hago la foto como una forma de quitarme el sombrero ante un maestro.
Más de cien mil negativos de una fotógrafa anónima eclosiona el mundo del arte.Así podría titularse la noticia de este súbito hallazgo. Los negativos fueron adquiridos en subasta por un joven de Estados Unidos a un precio ridículo. Por cierto, la fotógrafa se llamaba Vivian Maier, una niñera de origen francés afincada en Chicago y cuyo trabajo nunca había enseñado en público. Su obra es sublime, digna de los mejores maestros de la fotografía del siglo XX.
Pincha aquí para ver sus fotografías y la historia de este hallazgo:
Una hoja en blanco es el preludio de un naufragio, de un presente sin pasado, de un futuro vacío y extraño, remoto. Una hoja en blanco es una estepa donde sopla el gélido viento de la ausencia, de la soledad y del olvido.
En un diario, el blanco fondo sustenta los desperdigados fragmentos de una colisión , de negras palabras vomitadas sobre el papel bajo el ardor del deseo, de la frustración, del amor...
Fantástico cortometraje de Walter Salles y Daniela Thomas titulado Loin Du 16e y que pertenece a la película Paris te amo.
Todos los días recorro el mismo trayecto en metro, que me lleva de mi casa al trabajo. Cada uno de esos días, en la misma estación de metro, veo los rostros de febril resignación que esperan la llegada del metro en el andén.
Una de esas personas podría ser Ana, la protagonista de este cortometraje. Tiene una larga y lisa melena azabache, de mediana edad y mirada fija en las metálicas manecillas de su reloj.
Mañana me fijaré mejor, quizá la descubra entre toda la gente que nos encontramos en la estación de madrugada. Tal vez, puede ser, tú también la encuentres si te paras un segundo a mirar, muy cerca de ti.
Yo, por mi parte, me voy a dormir bajo el abrigo de esta bonita canción de cuna, que esconde tras de sí una hermosa, a la vez de desoladora historia.
Recuerdo a Humphey Bogart y Lauren Bacall subidos a un coche huyendo de no se quien ni de qué.Daba igual. Yo estaba loco por la novia de Bogart,con su mirada entre triste y soñadora.
Gansters, chicas peligrosas de turbio pasado y vertiginosas caderas, policías bajo cuerda y un sinfín de personajes de cuestionable alcurnia se daban cita en la pantalla. La trama de estas películas me mantenía pegado al sofá hasta que aparecía el The End, perplejo y espectante por conocer el cariz final del asunto.
Vidas y rostros tamizados por las luces y las sombras de una existencia misera que situaba a todos en el papel de perdedores, meras marionetas de trapo al servicio de mezquinos intereses, por lo general.
A Fito le recuerdo tocando junto a "Platero y tú" en la Plaza del gas, en Bilbao. Eran los años 90, desenfocado tengo el año exacto y ni que decir del mes y día en que presencie un concierto enérgico, potente y sobrecogedor. Muchos años han pasado desde esa fecha. Las primeras pinceladas blancas asoman sobre mi hirsuta cabellera y la esquiva felicidad se me presenta en forma de curva abdominal.
Ha llovido mucho desde entonces pero el chaparrón ya nos ha pillado a cubierto, cosas de la experiencia, será. Aún así, yo sigo mojándome por dentro, con una lluvia que por mi pueblo se conoce como chirimiri. Sigo cayendo en esos errores de juventud, benditos tropiezos, que calan hasta el tuétano y aunque a mi corazón lo tengo bajo un negro paraguas de vez en cuando las gotas del chirimiri caen sobre él. Bendita ilusión... La canción de Fito, "Soldadito marinero", se la dedico a toda la gente de la margen izquierda, a todas las generaciones de marineros y currelas que se han mojado y se siguen mojando bajo el chirimiri. Va por vosotr@s, camaradas.
La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo(...) lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar.. Y porque se ha salido de la infancia(...) se olvida que para llegar al Cielo se necesitan,como ingredientes, una piedrita y la punta de un zapato.
Entre un sí y un no, ¿te has parado a contar los quizá?. La cosa es que llegamos a este mundo con el espectáculo rodando y, entre que te subes y te acomodas, la hora de bajar el telón llega sin pisparte, así, de repente. Mientras esto va pasando, nos mantenemos sitos en la butaca. No nos coscamos ni media de la cosa que se representa a nuestro rededor. Las miradas se nos pierden por la platea. Sólo vemos sombras, cogotes, mientras que un sordo picor recorre nuestro trémulocuerpoal tiempo que nos preguntamos qué cojones hacemos aquí. La lógica locura de nuestra existencia.
La misma chica triste que me habla por la noche en susurros y me dice que no hay futuro, que el tiempo se nos acaba tras la última línea de la carta que acabo de leer. Sin voces malsonantes nos despedimos esta noche, con un adiós furtivo. A ti, mujer de breve nombre y desconocido apellido, te deseo lo mejor. Quizá no sepa de ti nunca más pero ya te llevo en mis alforjas, cargadas de muchas cartas que acabaron igual, con un punto y aparte.
Un loco no es sino las ideas corrientes de un hombre pero bien encerradas en una cabeza. El mundo no pasa a través de su cabeza y se acabó. Se vuelve como un lago sin ribera, una cabeza cerrada, una infección.
A mí me empiezan a entrar dudas. Un estentóreo grito me despertó. ”¿Qué ocurre?”, pensé. Al poco de oír la voz de auxilio, un enjambre de sombras me rodeaba, batiendo sus brazos sobre mi cuerpo como en una especie de ritual purificador. Solo que en este caso, los hechiceros llevaban batas blancas y sus agitadas voces repetían:” ¡Se nos va, se nos va!”. Todo fue muy rápido. Lo cierto es que no he vuelto a saber nada de ellos. A veces, los sueños parecen tan reales...