El
comienzo de un poema, de una balada nocturna o de un aullido
desesperado, de un recuerdo imborrado o simplemente de un acto de
sabotaje premeditado. Tal vez el comienzo de un Amor o la llamada de auxilio de un solitario Anónimo.
La multitud es su elemento, como el aire para los pájaros y el agua para
los peces. Su pasión y su profesión le llevan a hacerse una sola carne
con la multitud. Para el perfecto flâneur, para el observador
apasionado, es una alegría inmensa establecer su morada en el corazón de
la multitud, entre el flujo y reflujo del movimiento, en medio de lo
fugitivo y lo infinito. Estar lejos del hogar y aun así sentirse en casa
en cualquier parte, contemplar el mundo, estar en el centro del mundo, y
sin embargo pasar inadvertido —tales son los pequeños placeres de estos
espíritus independientes, apasionados, incorruptibles, que la lengua
apenas alcanza a definir torpemente. El espectador es un príncipe que
vaya donde vaya se regocija en su anonimato. El amante de la vida hace
del mundo entero su familia, del mismo modo que el amante del bello sexo
aumenta su familia con todas las bellezas que alguna vez conoció,
accesibles e inaccesibles, o como el amante de imágenes vive en una
sociedad mágica de sueños pintados sobre un lienzo. Así, el amante de la
vida universal penetra en la multitud como un inmenso cúmulo de energía
eléctrica. O podríamos verlo como un espejo tan grande como la propia
multitud, un caleidoscopio dotado de conciencia, que en cada uno de sus
movimientos reproduce la multiplicidad de la vida, la gracia
intermitente de todos los fragmentos de la vida. Charles Baudelaire.
Nunca resulta facil enfrentarse a lo grandioso, sobre todo si te encuentras muy dentro de lo trivial y cotidiano, como siempre ocurre. Eso absorbe casi todo, empequeñece casi todo, excepto aquellos escasos sucesos que son tan inmensos que dejan fuera todo lo trivial, todo lo cotidiano. Eso es lo grandioso y en lo grandioso no se puede vivir.
Karl Ove Knausgärd Un hombre enamorado Mi lucha: II
"El mundo nihilista es en su esencia un mundo que se reduce cada vez más, lo que necesariamente coincide con el movimiento hacia el punto cero", escribió Ernst Jünger. Un ejemplo de una reducción de esta clase se encuentra donde Dios es concebido como "el bien", o en la inclinación a buscar un denominador común para todas las complicadas tendencias que existen en el mundo, o en la inclinación a la especialización, que es otra forma de reducción, o en la voluntad que convierte todo en números, la belleza, así como el bosque, así como el arte, así como los cuerpos. Porque, ¿qué es el dinero sino una magnitud que equipara las cosas más distintas para que se puedan vender?. O como escribeJünger:"Poco a poco todos los ámbitos se incluirán en este denominador comun, incluso una residencia tan apartada de la causalidad como es el sueño". En nuestro siglo, nuestros sueños son iguales, incluso los sueños son algo que vendemos. Del mismo valor, sólo que es otra manera de decir indiferente. Karl Ove Knausgärd Un Hombre enamorado Mi lucha II
En el cruce de la parte de arriba de la suave cuesta, las luces de los semáforos empezaron a emitir su tictac. Al instante, la calle se quedó vacía de coches (...). Entonces el tictac del disco cesó, y como una jauría de perros con la lengua fuera, los coches salieron zumbando de la sombra y subieron la cuesta para desaparecer por la calzada bañada por el sol. Las llantas de clavos estallaban contra el asfalto. (...)En el patio de recreo del colegio, comprimido entre dos inmuebles a veinte metros de mi despacho, se acallaron de repente los gritos de los chiquillos, en los que en ese instante reparé. Había sonado el timbre. Esos sonidos me eran nuevos y desconocidos(...). Cuando se sabe demasiado poco es como si ese poco no existiese. Pero también cuando se saben demasiadas cosas es como si esas cosas no existiesen. Escribir es sacar de las sombras lo que sabemos. De eso trata escribir. No de lo que ocurre allí, no de qué clase de actos se realizan allí, sino del allí en sí. Allí, ése es el lugar y la meta de la acción de escribir. ¿Pero cómo llegar a hasta ese punto?
Karl Ove Knausgard La muerte del padre. Mi lucha:I